Con IA, no hace falta haber sido diseñador para pensar como uno
La IA permite que producto explore interfaces sin dominar herramientas de diseño. El criterio para juzgarlas, en cambio, se aprende de otra manera.
Durante bastante tiempo, venir del diseño me dio una ventaja práctica en producto: podía visualizar una solución en lugar de describirla. Dibujar un flujo, montar una pantalla, ver que la jerarquía no funcionaba o que dos pasos eran inconsistentes entre sí. Para enseñar una idea, muchos Product Managers tenían un documento y, con suerte, un diseñador con tiempo. Yo podía abrir un archivo y hacerlo.
Esa ventaja se está acortando, y me parece una buena noticia.
Dos cosas que iban juntas
Cuando alguien diseña hace a la vez dos cosas distintas: ejecutar y decidir. Ejecutar es producir la pantalla, el flujo, la variante. Decidir es qué se ve primero, qué sobra, qué pasa cuando algo falla. En la práctica iban pegadas, porque para decidir había que saber ejecutar con la herramienta que tocara, y esa barrera hacía parecer que todo era un único oficio.
Las herramientas de IA actuales han bajado mucho la barrera de ejecución. Un PM puede explorar una interfaz, pedir alternativas, modificar un flujo y probar una hipótesis sin esperar a nadie ni dominar un programa de diseño. Puede enseñar algo que antes solo habría podido explicar con texto.
Generar no es juzgar
La IA te da una pantalla razonable en segundos. No te dice si es la adecuada. Generar es fácil; mirar lo generado y saber qué falla es lo que lleva tiempo aprender. Es fácil quedarse con el primer resultado que parece correcto cuando el ojo todavía no distingue entre correcto y bien resuelto. La diferencia aparece en los detalles: un estado vacío que nadie ha previsto, un mensaje de error que no ayuda, una pantalla en la que todo pesa lo mismo y no se sabe por dónde empezar.
Por eso me parece útil separar las dos cosas. La capacidad de ejecución se puede conseguir con una herramienta. El criterio de diseño se construye de otra manera.
Aprender a mirar
No hace falta haber pasado cinco años con Figma para empezar a pensar en jerarquía, claridad, contexto, estados, fricción o consistencia. Se puede practicar mirando con intención: qué es lo primero que ve alguien que llega aquí, qué ocurre si no hay datos, dónde puede dudar, qué pasa si algo falla. Ayuda comparar alternativas, que ahora salen en minutos, y obligarse a explicar por qué se prefiere una. Y ayuda sobre todo enseñar el resultado a alguien que sea diseñador y escuchar lo que ve él y uno no.
Ese último paso es el que no me gustaría que se perdiera por el camino.
Qué sigue aportando diseño
Un Product Designer no se limita a producir pantallas. Entiende cómo se comportan las personas con un producto, cuida la coherencia de un sistema entero, sabe cuándo la mejor solución es no añadir nada y defiende la experiencia cuando una decisión de negocio la deteriora. Una herramienta que genera interfaces no hace nada de eso por sí sola.
Lo que me interesa del cambio es que producto pueda participar antes en dar forma a la solución, no que nadie sustituya a nadie. Yo hice el camino contrario, de diseño a producto, y tuve que aprender a hablar de negocio. Ahora es producto quien puede empezar a practicar la mirada del diseño, y hay herramientas que lo hacen mucho más fácil.
Las opiniones expresadas son personales y no representan la posición de ninguna organización.